1. Ante todo contraste, contraste y contraste. Puede ser entre un grupo grande y uno pequeño, entre solo y tutti, entre fortes y pianos, rápido y lentos, alegres y tristes...
2. Ritmo motor, mecánico o acentuado, como se le quiera llamar. Se trata de un ritmo animado, muy marcado que parece propulsar la música siempre hacia adelante. Si lo recordáis, durante el Renacimiento el ritmo solía basarse en una especie de balanceo tenue llamado tactus. Durante el barroco los músicos se empeñaron en darle impulso a la primera parte del compás y para marcarlo bien solían ayudarse golpeando con un bastón en el suelo. El pobre Jean-Baptiste Lully resultó ser un mártir de esta nueva práctica, pues un día que estaba ensayando con su orquesta en la Corte del Rey Sol, se golpeó sin querer en el pie; con el tiempo, la herida se le infectó y luego engangrenó (se pudrió) y acabó muriendo por ella... ¡hay inventos que salen caros!
3. El bajo continuo: Todas las obras barrocas tienen una característica común allí donde parece que no nos fijamos: en el acompañamiento, en un segundo plano. Se trata de una combinación de instrumentos compuesta por un instrumento melódico grave (un violoncello, un fagot...) que hace la melodía del bajo y un instrumento polifónico discreto (un clave, un laúd o un arpa...) que toca los acordes de la armonía. Esta última parte no solía estar escrita en la partitura sino que los propios músicos la improvisaban sobre la marcha. ¡unos verdaderos fieras!
4. El ritornello: Una especie de estribilo instrumental que se escucha entre estrofa y estrofa. Suele ser animado y lo mismo se intercala en las arias de ópera como en´conciertos para solista. Aquí tienes un ejemplo:
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